
“Cuídame las hortensias que ya yo voy de camino”, le dijo a Marino “la doña” en su lecho de muerte cuatro días antes de partir de esta tierra.
A pesar de que tiempo después de la muerte de “la doña”, Marino fue desalojado de la propiedad con todas sus hortensias (según su versión), éste sigue cultivando las preciosas flores en cada pedazo de tierra donde puede, y habla de Aniana con una veneración que engranoja a quién le escucha.
Gracias a su lucha incansable por la democracia y por la preservación de nuestros bosques y nuestras fuentes acuíferas, hoy se honra la memoria de la “centinela de las aguas” con una importante extensión de tierra de casi 120 kilómetros cuadrados bautizada con el nombre de “Parque Nacional Aniana Vargas”, el cuál engloba dentro de sus límites, la totalidad de las cavernas con arte rupestre que se han reportado en el área de Sierra Prieta, Comedero, Hernando Alonzo y Caballero así como una amplia zona del embalse de la presa de Hatillo.