
…una mujer sin aretes,
…un jinete sin caballo,
.. un océano sin peces,
.. una mariposa sin alas,
… un borracho sin botella,
… un rio sin orillas,
… un invierno caluroso,
… un perfume sin aroma…..

Ella estaba a mi lado, con el cigarro humeante, y con la mirada lejos..... y afuera el ruido de risotadas sordas, y caricias ásperas, de mujeres malas, de faldas largas, y de tacones sucios, y de blusas de furcia, y de tirantes rojos, y de pelos rubios, y de ojos azules, y de aliento a vino y a ron de caña.
Y en mi cabeza el zumbido enorme de la bala dentro, que me recordaba que estaba muerto, bien muerto!
Marielle se levantó sonánbula por novena noche consecutiva desde la trágica muerte de Benjamin. Cada madrugada hacía el mismo recorrido durmiendo con los ojos bien abiertos. Los somnolientos dependientes de la farmacia de la esquina no podían creer lo que habían visto.
Descalza, vestida solo con aquellos largos pantalones de pijama que parecían de samurai y con una temperatura que rozaba los 16 grados centígrados, Marielle recorría siete bloques hasta la 88 calle entre la tercera y la cuarta avenida donde una vez estuvo el antigüo cementerio judío de Manhattan. Exclamaba un grito ensordecedor y volvía sobre sus pasos sin inmutarse por los frenazos de los taxis que trataban de no atropellarla.
Al despertar lloraba desconsolada recordando aquella mañana de septiembre cuando le pidió de una y mil formas que no fuera a la zona cero. Ese día tenía un presentimiento extraño, había soñado con aviones, con torres desmoronándose, con bomberos corriendo despavoridos, con gente saltando por las ventanas.
A las 9:03am sintió un vuelco en el corazón, dos segundos antes el asensor que transportaba a Benjamin se abría en el piso 79 de la torre sur de World Trade Center, apenas pudo ver el avión entrando por la ventana antes de morir con el impacto.
Fotografía de Victoria Thomen Ginebra
Cuenta la leyenda que tenía la costumbre de desnudarse cada noche de luna llena para cargarse de su energía. Andrómaca era la hija preferida del rey de Tebas y fue entregada como botín de guerra a Neoptólemo quién se la llevo a Grecia donde tuvo con él tres hijos. De una belleza impresionante, senos pequeños y larga cabellera rubia anhelaba locamente morir después de casarse con su cuñado Heleno y haber parido a Cestrino.
Aquella mañana había recibido un mensaje de Cibeles donde le advertía que no tomara su baño de luna porque las Pléyades estaban celosas de su belleza y amenazaban con petrificarla.
En la noche, la luna brillaba más que nunca en el firmamento y tenía un extraño color rojizo. Andrómaca salió al jardín y no resistió la tentación de desnudarse, miró hacia arriba, cruzó sus brazos sobre su cabeza y cerró los ojos. Quedó convertida en piedra para siempre.
En un rincón del jardín de la antigüa casa de Heleno, su cuerpo conserva su belleza a pesar del visible deterioro producido por los años. Las Pléyades la miran y sonrien pero todavía sienten celo.
Cuatro años, tres meses y ventisiete días habían transcurrido desde aquel viernes 30 de abril cuando abordó el avión de American Airlines rumbo al John F. Kennedy Airport. Tenía tres semanas que había regresado de incógnita a Santo Domingo y había tratado de buscar de nuevo el amor en siete camas diferentes. Esta noche, había entrado al bar acompañada de uno nuevo segura de que como las veces anteriores, no se encontraría con nadie conocido.
Enfundada en un ceñido vestido de satén color verde, con unos tacones amarillos de dos pisos, las cejas pintadas como payaso y ataviada con una Louis Vuitton roja de mil quinientos dólares, Vanessa entró con paso firme segura de que a pesar de su vestimenta pasaría desapercibida. Tras ella, en pantalones bermudas tipo cargo, con una desteñida camisilla de Shaq Oneal y unas zandalias tipo calipso mirando hacia todos lados tratándo de no ser descubierto entró Junior.
Los camareros vestidos de vaqueros se afanaban por atender a los parroquianos que gritaban sobre las mesas, en la improvisada pista de baile se apiñaban bañadas en sudor ventisiete parejas bailando una bachata de Frank Reyes.
Vanessa y Junior se sentaron en la mesa que tenían reservada, nueve minutos habían transcurrido cuando las bachatas fueron interrumpidas por una canción de Sabina y la protesta de los parroquianos no se hizo esperar. Vanessa reconoció la melodía de inmediato, Rafael borracho y con rabia se la había puesto más de ochenta veces por teléfono. Esta vez el estaba en el mismo bar y había pagado mil pesos al Dj para que dejara sonar por cuarenticinco segundos el tema "Princesa".
"Entre la cirrosis
y la sobredosis
andas siempre muñeca...
Con tu sucia camisa
y en lugar de sonrisa
una especie de mueca
...ahora es demasiado tarde princesa,
búscate otro perro que te ladre princesa...."
Rafael se retiró sonriente de "La Barrica", el Dj volvió a sonar sus bachatas ahora con mil pesos de propina en los bolsillos, Vanessa dejaba rodar una lágrima con sabor a Tabasco por su mejilla y Junior trataba de convencer al camarero que le sirvieran un Don Perignon con Coca Cola.