Cada dia que pasa la fotografía hace que mi sensibilidad por todo lo que me rodea desborde mi capacidad de procesamiento. Como dijo una vez mi hermano Roger Zayas, me está gustando tanto la fotografía que me estoy asustando.
No solo es cómo se desarrolla la pericia de ver donde otros no ven, de pasear el ojo a la velocidad de la luz trescientos sesenta grados buscando “el tema” aunque no tengas la cámara a mano. Es una mezcla de emociones y sensaciones escudriñando uno y otro confín de tu micro-universo, abriendo y cerrando “la apertura” de tu cerebro, aislando el sujeto o “componiéndolo” dentro de un todo con la mas irracional “profundidad de campo”.
Pero mucho mas allá de las satisfacciones que me ha dado la fotografía por si misma, he encontrado a través de ella y en el ciberespacio, un infinito raudal de personajes que cada dia me demuestranque creer en los seres humanos todavía es viable.
Dedico este pequeño post a mis queridos amigos cuasi-hermanos de mi grupo de facebook “Manso Fotogrú”, “MAS que un grupo de fotografía ….. una forma de VIVIR”.
Fotografía: “Victoria en Salinas” realizada en un atardecer MANSO en Salinas de Puerto Hermoso, Provincia Peravia.
Recientemente mi hermano Pedro Genaro publicó en su blog un escrito de nuestro común amigo cibernético Nego Morey titulado “Hoy elijo estar, sin ser”. Como vivo copiando lo bueno, en esta nueva etapa de mi blog haré algo similar. De cuando en vez aparecerá una publicación ajena a manera de “invitada”. En ocasiones el invitado será el escrito y en otras la fotografía. Sin embargo, para iniciar esta variante ambos serán los invitados.
Guilaine y Valerie Le Moustre, son mis invitadas de hoy. Dos hermanas dominico-francesas, una residente en Toronto y la otra en su Puerto Plata, una psicóloga de profesión y otra comerciante, una aficionada a la escritura y la otra a la fotografía. Ambas conectadas por la sensibilidad entre las imágenes y la pluma (o debo decir el teclado, supongo…)
SUPONGO…
“Supongo que desde el momento en que decidí arriesgarme a entender porqué esquivabas mis miradas sabía que el amor encontraría su lugar.
Supongo que no asumí el peso que cargarías sobre tu espalda que yo decidiera no buscarte reemplazo, porque yo estaría constantemente excavando en los pozos del patio de Cupido para mantenerte cerca.
Supongo que comprendí en un principio que sería inevitablemente complicado dejarte de querer. El amor contigo no hace discusiones, no se desgasta, no se mancha; no sé. Se llena fácil, se tilda de grande y se hace más grande con mi promesa.
Mi promesa de prometerte promesas. No hay tierra firme con los abrazos, se mueve el piso, y ahora los besos de solo revivirlos me hacen temblar los labios. El amor contigo no calcula, no se mide, no deja de ser; no sé.
Se olvida de las listas de espera, del cansancio, de las pisadas sanas pero tontas; es, incondicional, inocente, simplemente es.
Supongo que contemplarte por detrás implica no saber que la verdad se esconde por delante. Supongo que sabía que este Octubre las rosas blancas no llegarían del mismo color, si es que tomaban camino.
En Octubre obtuve; obtuve tanto el año pasado, miraba de los pies hacia abajo y miraba de la cabeza hacia arriba, que aprendí que el silencio retumba en los oídos cuando se pretende escuchar.
Supongo que si a ratos te fijas que mi corazón ha dejado de latir es porque tus sonrisas lo hicieron de papel. Supongo que mi pijama respira en la cama sin alma a ratos y la almohada va escondiendo sus plumas a pasos cortos. Supongo que es normal sentir la vida en tu mirada... Supongo que no sé suponer bien.”
Fotografía de Valerie y texto de Guilaine Le Moustre
Se que ustedes esperan de mi leer un nuevo cuento pero quiero reiniciar este blog de la misma forma que comencé a escribir hace unos meses: con una reflexión.
Dos de mis hijos nacieron en los Estados Unidos por voluntad propia de sus padres. Gracias a esa determinación, veinte años después hoy poseen una doble nacionalidad, una que probablemente les permita vivir en paz cuando dentro de unos años este país llegue al límite del caos generalizado al que caminamos paso a paso.
Recuerdo hace unos años cuando la prensa local aferrándose al Jus Solis, se empeñaba en destacar que la joven tenista Mary Joe Fernández era dominicana a pesar de que era hija de un matrimonio cubano-español y había nacido en nuestro pais casi por casualidad.
Hoy sin embargo, la constitución que está a punto de ser promulgada le niega la nacionalidad a miles de descendientes de extranjeros que nacen en suelo dominicano.
Todos sabemos que ese parche está dirigido a negar la nacionalidad a los descendientes de haitianos nacidos en nuestro territorio. Nos guste o no, los niños y niñas de ascendencia haitiana que nacen en nuestro país tienen el mismo derecho de ser dominicanos y dominicanas como a mis hijos se le otorgó el derecho de ser norteamericanos por el simple hecho de haber nacido en aquel país. El mismo derecho que un grupo de periodistas plagosos le otorgaban en su momento a Mary Joe Fernandez y tantos otros “blanquitos”. El mismo derecho que tienen decenas de miles de hijos e hijas de dominicanos que nacen cada dia en New York o Miami, en Roma o Milano, en Amsterdan, Madrid o Barcelona.
Establecer en la Carta Magna la nacionalidad por Jus Sanguinis no resolverá en nada nuestro problema con Haití. La fiebre no está en la sábana, está en la irresponsabilidad de afrontar con valentía el problema de la migración haitiana que mas temprano que tarde dará al traste con nuestra cultura, con nuestra economía, con nuestros recursos naturales, con nuestras creencias y con nuestra propia nacionalidad.
Alea jacta est.
Fotografía tomada en un batey de República Dominicana
Eran las cuatro y diecinueve de la tarde cuando despertó desnudo y sin fuerzas en la bañera de su apartamento, tenía en su boca el sabor perfumado del champán y en sus oídos todavía sentía el zumbido producto de más de cuatro horas metido en aquella ruidosa discoteca del centro de la ciudad. Recordó vagamente el vestido azul intenso de Susan y las imágenes de las treinta y nueve mujeres a las que había prometido matrimonio pasaban rápidamente frente a sus ojos como si fuera el resumen de las cien mejores películas del siglo XX. Trató de incorporarse por segunda vez pero de nuevo fue en vano.
Desde que cumplió los diecinueve años, Armando había sido un verdadero rompecorazones y hoy, con exactamente cincuenta y ocho años y un día seguía siendo un incorregible y resbaloso Casanova. A base de una increíble visión para los negocios había logrado multiplicar la vasta fortuna que heredó de su padre a los veinticinco. Siempre vestía de exclusivas marcas italianas y tenía una colección de carísimos relojes que usaba combinados con su calzado, cambiaba su deportivo cada dos años y su lancha cada cinco, llevaba al pie de la letra una dieta totalmente balanceada, ingería toda clase de multi vitamínicos y cada madrugada de lunes a viernes iba al gimnasio con una devoción envidiable.
Decidió celebrar su cumpleaños de la manera acostumbrada, una noche de parranda en una reconocida discoteca de la capital. La fiesta apenas comenzaba cuando Susan entró por la puerta vistiendo un regio vestido azul intenso con un enorme escote que le llegaba al ombligo y mostrando más de la mitad de sus carnosos pechos, parecía tener menos de veinte años pero en realidad tenía veintinueve y tenía cuatro meses que había regresado de Madrid donde se había graduado de cirujana. Armando se quedó mirándola como si lo hubiesen hipnotizado. Llamó a uno de los meseros y le puso un billete de dos mil pesos en el bolsillo, “averigua todo lo que puedas y gánate tu doble sueldo en marzo” le dijo.
No habían transcurrido veinte minutos desde aquella encomienda cuando Susan ya sostenía en sus manos una copa de Cristal Rose mientras Armando hacía galas de su cultura explicándole la historia del origen del nombre de aquel famoso champán producido por Louis Roederer para el zar ruso Alejandro II.
Bailaron toda la noche y descorcharon tres botellas más de Cristal. Cerca de las tres de la madrugada Armando finalmente convenció a Susan para que fuera a dormir con él a su apartamento.
Treinta años antes de aquella noche de parranda, Alejandrahabíahecho el ridículo de todo Santiago cuando su novio la había dejado plantada en la iglesia el día de su boda que se celebraría por todo lo alto en el Centro Español de aquella ciudad. A pesar de estar embarazada, desde ese día se había convertido en alcohólica lo que al cabo de los años había destruido su hígado por completo.
Aquella tarde, mientras Armando se desvanecía en un profundo sueño producto de la mezcla de la borrachera de Cristal y el éter con el que lo habían anestesiado, a cinco kilómetros de allí en una sala de cirugía, Susan susurraba al oído de Alejandra: “no te preocupes mami todo saldrá bien, un amigo mío te dejó su hígado para que te hicieran el trasplante”.
Saliste a mi encuentro al escuchar mis pasos Mire tu carita y me pareció de burla Te observé fijamente y vi que era de tristeza Estabas tan triste porque no te aprecian Estabas tan triste porque te desprecian Y tu me contaste que te desalojan Unos poderosos que quieren cemento Cemento y acero pa cobrar su metro
Baje de la loma algo cabizbajo Tantos cuartos tienen pero aún así mas quieren Que importa un carajo si se jode el mundo Importa un carajo si se jode todo “Haitises de mierda” eso dicen ellos Prefieren cemento que maripositas
Bajo las aspas del abanico de techo que parecían girar en cámara lenta, con su enorme barriga bañada en sudor provocado por el sofocante calor tropical, el alcaide se abrochaba sonriente el pantalón satisfecho de haberle echado el último polvo a Rebeca.
Catorce meses antes, después de ser devuelta en avión desde París, Rebeca había sido condenada en Vietnam a dos años de prisión en una sentencia ambigua entre acusaciones de prostitución y permanencia ilegal en el país.
Esposada a su asiento y acompañada de un oficial francés que no hablaba español, Rebeca recordaba con rabia el día que conoció a Rudolphine en aquel safari fotográfico a Las Terrenas. A su lado derecho, un periodista italiano que trabajaba en Le Monde y que viajaba a Vietnam para cubrir un evento deportivo retocaba con cuidado una fotografía donde aparecía una escena nocturna de una calle de París mojada por la lluvia, “se vería mejor en sepia” le dijo Rebeca. Luca Giordano, quien hablaba castellano aprendido de su abuelo materno reaccionó sorprendido. En ese momento iniciaron una amistad que retomaría su curso un año y medio más tarde.
En su oficina, Dac Kien Tuong miraba con nostalgia por la ventana mientras Rebeca se vestía en silencio. “En el sobre con tus pertenencias está todo lo acordado” dijo en vietnamita. Ella se acercó a él y lo besó apasionadamente, salió de la oficina de prisa llena de alegría de sentirse finalmente libre otra vez.
A lo largo de aquellos catorce meses de prisión, Rebeca se acostaba con Dac Kien cinco veces por semana a cambio de extraños favores que iban desde suministro de papel y lápiz en los que escribía su diario, tarjetas de memoria SD para su cámara “point & soot”, esmalte de uñas y utensilios de manicure para mantener sus manos siempre cuidadas, el permiso de andar cada viernes retratando sus compañeras de prisión en las más inverosímiles situaciones y una carta de recomendación para obtener su libertad anticipada la que finalmente logró diez meses antes de cumplir su condena.
La mañana siguiente a su último encuentro con Dac Kien, se acercó al mostrador de la cárcel donde le entregaban sus pertenencias a los prisioneros liberados,recogió su ropa, su cartera de piel y un abultado sobre manila, salió de la cárcel con el mismo vestido que había abordado aquel avión a París. Tras cruzar la puerta de la prisión miró hacia el cielo y sintió el sol en su cara, abrió finalmente el sobre y allí encontró las hojas sueltas de su diario, 14 tarjetas de memoria SD, su cámara, su pasaporte y los quince mil euros de Pierre.
En la tarde compró ropa nueva, una laptop, una cámara digital y alquiló por un mes un pequeño apartamento en Hanoi.En la noche se dirigió vestida como una top-model a un exclusivo restaurante francés del Hotel Sofitel Metropoley con la cena ordenó una botella de Chablis para ella sola.
Las tres semanas siguientes las dedicó a transcribir del papel a la computadora su diario carcelario y a retocar las 1632 fotos que había tomado en la cárcel. De este montón de fotografías seleccionó 50 y las montó sobre los diferentes capítulos de su diario. La cuarta semana fue a un centro de Internet desde donde llamó por Skype a Le Monde y pidió que le comunicaran con Luca, hablaron más de dos horas seguidas y al final le envió por correo electrónico una copia de su “diario carcelario”.
Hoy como cada mañana abrí mi correo electrónico, uno de ellos llamó poderosamente mi atención, en el asunto decía: “noticias de tu fotógrafa favorita”, en nueve párrafos Rebeca me resumía su vida reciente, está preñada de varón de Dac Kien, se casó con Luca la semana pasada, ésta noche con el patrocinio de Le Monde se pone en circulación la versión en francés de su“diario carcelario” y el mes próximo comienza a estudiar fotografía con una beca que le otorgaron en la École nationale supérieure Louis-Lumièrede Paris.
A: Pedro Genaro Rodriguez y Roger Zayas quienes me pidieron con insistencia dejarla viva y a Rocio MG, por ayudarme con los nombres y dos fotografías de la serie.
Mientras esperaban en un bar del aeropuerto elvuelo de doce horas y media que los llevaría con destino directo a Paris, sintió una punzada en su estómago y se levantó para ir al baño. El supuesto cónsul francés dejó el trago sobre la mesa y sus documentos de viaje, el equipaje y su Blackberry al cuidado de Rebeca; después de 45 minutos todavía no daba señales de vida.
En la puerta 26, un empleado de la aerolínea anunciaba en tres idiomas el último llamado para el abordaje del vuelo 535 de Vietnam Airlines.
Rebeca revisó los bolsillos del “carry-on” de Pierre y encontró un fajo de billetes con 15 mil euros, los tomó y se dirigió tranquilamente hacia la puerta del avión con el dinero y los documentos de éste en su cartera. En uno de los sanitarios de un baño de hombres del aeropuerto Noi Bai, con los pantalones abajo, yacía Pierre desmayado luego de que le explotaran cinco bolsitas de heroína que transportaba en su estómago.
Los sobrecargos de vuelo vestidos de rojo chino recorrían de un lado a otro la cabina en su protocolo de rutina en preparación para el aterrizaje, Rebeca por la ventanilla del avión observaba en silencio la ciudad luz a sus pies, sonrió mientras recordaba las maravillas de París que le había contado Rudolphine aquel fin de semana que lo conoció en Las Terrenas. Se sentía segura de sí misma ya que aunque no sabía escribirlo, podía defenderse con lo poco de francés que aprendió con aquel maldito que la mantuvo en cautiverio en Vietnam. Tenía dinero suficiente para tratar de reiniciar su vida en Europa sin necesidad de regresar a Santo Domingo.
Finalmente el avión tocó tierra en el aeropuerto Charles de Gaulle y con el rechinar de las ruedas Rebeca sintió que nacía de nuevo.
Después de cinco meses sin saber nada de ella, la semana pasada recibí un e-mail de una tal Ivelisse que decía en el “asunto”: “noticias de tu fotógrafa favorita” y donde me ponía al tanto de todo lo que les cuento.
Rebeca fue compañera de celda de Ivelisse, una dominicana que pasó tres años presa en Hanoi por cortarle la mano derecha a un “cliente” holandés que no le quiso pagar lo acordado al final de un fin de semana de orgías.
A la salida del avión en Paris, un guardia de seguridad agarró a Rebeca por el brazo derecho: “venir avec moi s'il vous plait, mademoiselle”.Tras largas horas de interrogatorios fue puesta bajo custodia en un avión de regreso a Hanoi a requerimiento de las autoridades vietnamitas que la acusaban de prostitución y tráfico de drogas.
Pesa 19 libras menos y hace el amor cinco veces por semana con el alcaide de la cárcel a cambio de ciertos “privilegios” que todavía no entiendo. Dice Ivelisse que tal vez consiga que la liberen antes de tiempo, cada mañana reviso mi correo con la esperanza de que me lleguen mejores noticias de “mi fotógrafa favorita”.
Hace dos semanas después de nueve meses sin saber de ella recibí un e-mail desde Vietnam que me dejó perplejo. “Estoy en una ciudad que se llama Hanoi al otro lado del mundo”.
Rebeca es de Loma de Cabrera y la conocí en un autobús de la Metro que venía de Santiago a la capital. Se sentó a mi lado en el único asiento disponible y ni siquiera dijo “buenas tardes”, abrió su laptop y comenzó a retocar una foto que había tomado. “Se vería mejor en sepia” le dije cuando el autobús pasaba frente al Hospital Metropolitano. Esa sola frase bastó para romper el hielo para siempre. Un año más tarde en un safari fotográfico que organicé a Las Terrenas conoció a Rudolphine Benoit yeso cambió su vida por completo.
Rudolphine era biznieto de un oficial francés colonizador de la Indochina de finales del siglo XIX, tenía una cultura amplísima, era rubio, fornido y con su bronceado del Caribe con el que se veía tan bello que las mujeres babeaban y ponía en duda la virilidad de cualquier hombre por mas macho que fuera. Se llevó a Rebeca para Lang Son con un “cuento chino” de una beca “full” de fotografía.
Al final de los catorce párrafos del email de Rebeca lloré como un niño sin consuelo. La triste historia de aquella ingenua mujer pueblerina llevada hacia un mundo completamente desconocido, secuestrada y mil veces obligada a prostituirse con hombres de todos los tipos, tamaños, olores, colores y razas una vez más se hacía realidad.
Logró escapar hace un mes del prostíbulo de Lang Song cuando un cliente que se sintió engañado mató a Rudolphine de una puñalada en el pecho y un grupo de latinas escapó en el tren hacia Hanoi antes que llegara la policía. Cuando me envió el e-mail estaba en el aeropuerto de Noi Bai y viajaba en compañía de un supuesto cónsul francés que le había conseguido una beca para estudiar fotografía en Paris. No he vuelto a tener noticias de Rebeca.
A Pedrito lo enterraron en un ataúd de gente grande porque en la funeraria de “Buen Hombre” no había para niños. Murió “asesinado” por la misma persona y el mismo día que su bisabuela Carmela pero de una forma diferente.
Virtudes era la hermana mayor de Pedrito, precoz y vivaracha, de pelo rojo siempre desgreñado y tan larga y flaca que parecía una garza ganadera, tenía 17 años y le habían encargado cuidar a Doña Carmela desde los 14 cuando quedó paralítica de un derrame cerebral.
El día que “se despachó” a Doña Carmela y a Pedrito parecía que se caía el cielo de tanta agua y truenos, a pesar del fuerte vendaval, medio pueblo esperaba en la playa con preocupación el regreso de los pescadores que habían salido bien temprano en una madrugada que para nada anunciaba el torrencial que se avecinaba mas tarde.
Eran las doce y quince cuando Virtudes alimentaba a Doña Carmela con un arroz y habichuelas convertida en papilla para bebé y una carne de cerdo guisado picada en trocitos.
Virtudes odiaba a su bisabuela porque desde que enfermó ella tuvo quedejar de ser ella y convertirse en enfermera, sus padres la obligaron a abandonar la escuela y ya no tenía vida propia. Cuando Doña Carmela se atoró con un pedazo de carne, Virtudes vio inmediatamente la oportunidad de librarse de su destino. Le metió dos pedazos más en la boca y se los empujó hasta el fondo mientras le decía mirándola fijamente: “ya muérete maldita vieja, que es lo que tanto vives”, Carmela trataba de respirar pero era imposible, se fue poniendo morada y en menos de cinco minutos se fue de lado en su mecedora, había muerto de asfixia.
Virtudes sonreía mientras le limpiaba los restos de comida de la boca, a sus espaldas, Pedrito estaba absorto contemplando el panorama, Virtudes sintió su presencia y sin decir nada se dirigió a la cocina, preparó rápidamente un jugo de tamarindo, lo mezcló con veneno para ratas y se lo dio a Pedrito en un vaso con hielo.
Cuando se aseguró que ambos estaban muertos, corrió gritando como una loca hacia la playa, le contó a su madre que mientras ella trataba de salvar a Pedrito en medio de las convulsiones que le había ocasionado un veneno para ratas que se había bebido, los truenos no la dejaban escuchar la tos de la bisabuela que moría asfixiada por un pedazo de carne atragantado.
Treinta y nueve años después, el cementerio de “Buen Hombre” estaba siendo trasladado lejos de la playa para dar paso a un proyecto turístico. Cuando desenterraron a Pedrito estaba totalmente desnudo y los pedazos de su ropa y zapatos se habían desprendido de su cuerpo conforme este había ido creciendo,ahora medía casi seis pies de estatura y era tan largo y flaco como una garza real, el pelo rojizo igual que Virtudes le había crecido casi un metro y detrás de una tupida y desaliñada barba se notaba perfectamente la misma carita infantil que tenía el día de su primer entierro.
Lo velaron por nueve días por si volvía a despertar, Virtudes no pegó un ojo, se quedaba las noches completas conversando en susurros con Pedrito, una y otra vez lo interrogó y el nunca respondió.Decidieron enterrarlo de nuevo en el cementerio nuevo de la colina, la noche antes del segundo entierro, Virtudes preparó un jugo de tamarindo, lo mezcló con veneno para ratas, le abrió la boca al muerto y le vació la mitad del jugo, en silencio y con una sonrisa en los labios le secó con un paño sucio el jugo que se le había derramado por las mejillas. Se sentó a su lado en la mecedora que perteneció a su bisabuela y le dijo en tono muy bajo: “acábate de morir de nuevo maldito”.
Con el pelo recortado, la barba recién afeitada y envuelto en sábanas para que no volviera a romper la ropa, lo enterraron en un ataúd que parecía para un gigante por si se le ocurría seguir creciendo. Después del entierro mataron dos chivos,tres puercos y dos novillos y le hicieron una fiesta que duró cuatro días. La última noche Virtudes se acostó temprano, estaba cansada de atender tanta gente y se había mantenido sin dormir durante trece días y doce noches seguidas.A las tres y cincuenta y dos minutos de la madrugada despertó espantada, en el umbral de la puerta estaba Pedrito observándola, cuando se dio cuenta que Virtudes había despertado le dijo con una voz infantil: “dame mas jugo manita”.
Si hacemos una analogíacon un “álbum de postalitas”, la fotografía que sirve de base para este escrito es lo que se llama “una burra”, la que aparece en casi todos los“sobrecitos “. Lo que quiero decir con esto, es que para los fotógrafos de naturaleza, una fotografía de un repollo de helecho de montaña es una verdadera “postalita repetida”. Sin embargo, para mi tiene un gran significado, sobre todo en este momento donde se me revela como un gran contrasentido. De un lado del campo de batalla, un poderoso grupo de empresarios santiagueros tratando de establecer contra viento y marea una cementera a escasos kilómetros de una de las reservas naturales más importantes del Caribe. Del otro lado del campo de batalla, todo un país que clama porque detengan la jodida cementera. Abro paréntesis, como dice “mi socio” Javier Celado, hay mucho cemento pero un solo Los Haitíses, cierro paréntesis.
En otra parte de la isla pero que parece como si vinieran de otro planeta, otros empresarios a los que conozco desde hace tantos años que ya casi ni recuerdo (aunque me llevan unos añitos), la familia Moreno, los mismos de Helados Bon y de la macadamia de las lomas de Sajoma, también contra viento y marea, tratando de preservar una reserva natural importantísima: Loma Quita Espuela, luchando contra el terrible “conuquismo” que terminará por devastar nuestra escasa reserva boscosa, mediante la capacitación de decenas de campesinos para enseñarlos a cultivar cacao orgánico.
Y junto con ellos, Manny y Olyenka, dos pichones de empresarios a quien ya he dedicado anteriormente otro post en este blog, tratando de mostrar a sus “exploradores” la riqueza de nuestras reservas naturales.
Gracias a Manny y a Oly, tuve la oportunidad de internarme en lo más alto de Quita Espuela y disfrutar a plenitud de su belleza, era una asignatura pendiente que tenía que resolver, y allí, ante la majestuosidad de aquella montaña, tuve también la oportunidad de palpar el renacer de la vida, a través de este repollo de helecho de montaña, y clamar junto con muchos otros dominicanos: Yo tampoco quiero cemento ni dentro ni cerca de Los Haitises, COÑO!!!
Terco y Tauro de nacimiento, tejedor de sueños, nómada y gitano itinerante por decisión, informático de profesión, fotógrafo, cuentista, buzo, golfista y chef por afición. Ambientalista por convicción.
Amigo de los amigos, intolerante de la impunidad, de la delincuencia y las injusticias.
Acepto cada quién como es sin doblegar mis principios.
No sostengo conversaciones inconducentes.
No discuto ni de religión ni de política.
"Soy como quiero ser, sin mandatos ni fronteras…… y amo la libertad de vivir como yo quiera”
Ese soy yo.