Motika... Esta nota es tu regalo de cumpleaños. Recuerda que... "Siempre volvemos a Nunca Jamás..."
"Empiezo a creer que nuestro lugar ideal es Nunca Jamás. Te cuento que
ya tengo el mapa, y sé cómo llegar, debemos girar en la segunda estrella
a la derecha, volando hasta el amanecer. Habrá que mantenerse despierto
durante toda una madrugada, pero eso no será una pesadez, lo sabes
muy bien y yo lo sé de más. Si te llevo conmigo Campanita tendrá celos
de ti hasta que te conozca y logre convencerse de que eres un hada,
igual que ella, pero más dulce todavía.
La felicidad no será más una
"Utopía", de hecho, podemos visitar ese país que también nos quedará a
la vuelta; la diversión nos espera en "Wonderland" y con tu sonrisa los
niños perdidos no se sentirán más así. Te prometo que el Capitán Garfio
desde que te vea volverá a ser sensible y puede que hasta recupere un
toque de humor infantil.
A los piratas temibles y a los indios salvajes
los llevaremos a vivir a "Narnia" hasta que aprendamos a usar espadas,
esas que luego nos permitan jugar hasta agotarnos de ilusión. Por fin
podremos ver todos los colores en su máxima tonalidad; la risa en su más
sincera expresión y los besos de 'buenas noches' más tiernos. Yo te
daré los abrazos más delicados y los besos más... más... más... ¡Shhh!
Cuando duerman los niños perdidos volveré a dibujarte el mapa de ésta
isla por si un día te pierdes sepas cómo regresar. Pero si no quieres
venir, ya te enterarás porqué los polvos mágicos son tan necesarios
cuando nos estamos haciendo
mayores... Son para no olvidarnos de la niñez, la libertad y la fantasía"
Valerie y Guilaine Le Moustre
martes, 29 de mayo de 2012
miércoles, 23 de mayo de 2012
Los últimos días de Martha - Episodio II
Tenía los labios cuarteados y los dientes tan amarillos que parecían
el reflejo de un atardecer de cuaresma. El abuso del cigarrillo le
habían opacado el pelo, enrojecido las pupilas y en las yemas de sus
dedos los surcos de sus huellas dactilares parecían una mala copia del
laberinto del Fauno.
No solo el terrible vicio de fumar
había hecho estragos en el otrora lozano rostro de Martha. La pobreza,
la falta de sueño, la "culebrilla" que le cortaba en dos la piel cada
verano y los polvos sin sentido de Manuel cada madrugada que laceraban
su sexo la habían convertido en un desecho humano.
La
mañana que amaneció sin pestañas y con el pelo chamuscado saboreaba el
café de una forma inusual, recordaba las estridentes risotadas con
Arancha, recordaba aquella sucia cartulina rosa donde ambas orinaron
como locas cómplices de travesuras sin fin apenas con cinco años.
El
viento del este que venía cargado de olor a muerte desde el matadero de
chivos de los Abreu, le recordaba sus cabalgatas vespertinas de
adolescente por los bateyes de La Romana acompañada de "Tio Andrés".
Había
escuchado tantas veces la historia de Arancha de la semana que ambas
nacieron que ya no sabía si la había inventado ella misma. El mismo mes
de mayo, la misma clínica, el mismo médico que había asistido a las dos
madres, una que había parido con dolor, la otra que por la posición
fetal de la niña había tenido que ser intervenida con una cesárea de
emergencia.
Había escuchado tantas veces la historia de
aquella niñita de color que su propia madre reclamaba sin siquiera
conocerla que a veces despreciaba su propio color de piel.
Había
escuchado tantas y tantas veces el nombre de Arancha en el colegio que
antes de que coincidieran en el mismo curso ya la odiaba y la amaba.
Había
escuchado tantas veces los rezos del rosario de aquel novenario
inconcluso que los recitaba sin pensarlo alzando su propia voz como si
fuera una de las "lloronas" contratada por su tía Milagros en el
velatorio de Midalma.
De pronto, mientras inhalaba aquel
humo de cigarrillo negro recordaba el día que comenzó a orinar de pies, y
recordó la pitonisa, y de nuevo cayó en cuenta que el final estaba
cerca. Y apagó el cigarrillo y rezó en silencio el Padre Nuestro como lo
rezan los condenados a la horca. Y en sueños despierta escucho a la
bruja, y comenzó a escribir.
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